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Advertencia: este es un recuento superficial, contiene generalizaciones, ideas tomadas de conversaciones con otras personas, propuestas no ortodoxas y no representa, de ninguna manera, la opinión más extendida de las autoridades culturales mexicanas. Representa algunas de las opiniones de la autora y, si acaso, las de personas con quienes comparte puntos de vista. Tampoco es un recuento exhaustivo de nada, es, a lo mucho, un panorama a vuelapluma.

Libia Brenda

Venimos de una larga tradición que tiene su origen en los mitos mesoamericanos de diferentes naciones que habitaban en el territorio que ahora se llama México, pero eso no es novedad, toda la literatura fantástica empezó en el terreno de lo mítico. Luego llegaron los españoles en el siglo XVI y, zas, hubo matanza, se impuso la lengua española y también la religión católica; digamos que fue un proceso de colonización común y corriente.

Sor Juana

Aquí necesitamos dar un salto al siglo XVII (el Virreinato-Colonia-Nuevaespaña), para detenernos en una muchachita que se empeña en estudiar y se mete de monja para poder leer y escribir en paz, o todo lo en paz que se pueda. Varias personas con autoridad literaria, como Gabriela Damián Miravete y Lola Ancira, entre otras, hacen una puntualización importante al respecto del Primero sueño (1692) de Sor Juana Inés de la Cruz: es un poema que se puede leer en clave de literatura fantástica e, incluso, de literatura especulativa; es el equivalente novohispano de llamar a Mary Shelley la madre británica de la ciencia ficción gracias a su Moderno Prometeo.

En el siglo que sigue, en 1775, el fraile franciscano Manuel Antonio de Rivas decide seguir de cerca los pasos de Cyrano de Bergerac, Voltaire y Luciano de Samosata y viaja desde la Hermana República de Yucatán hasta la Luna en un texto que hoy se considera un clásico, cuyo solo título es una maravilla: “Sizigias y cuadraturas lunares ajustadas al meridiano de Mérida de Yucatán por un anctítona o habitador de la Luna y dirigidas al Bachiller Don Ambrosio de Echeverría, entonador que ha sido de kyries funerales en la parroquia del Jesús de dicha ciudad y al presente profesor de logarítmica en el pueblo de Mama de la península de Yucatán; para el año del Señor 1775” (difícil de memorizar, por lo que se le conoce como “Sizigias” o “Sizigias y cuadraturas lunares”).

Luego, en el siglo XIX se empiezan a multiplicar los textos de corte fantástico, como los de Ana de Gómez Mayorga o los de Amado Nervo, un poeta que hoy se conoce como autor sentimental, pero escribía cuentos de, bueno, protociencia ficción; además de que hay una sólida tradición de leyendas que dan cuenta de todo tipo de hechos relacionados con fantasmas, aparecidos, tesoros enterrados, fuegos fatuos y asesinatos pasionales, el ejemplo más obvio sería el de la Llorona, pero es importante subrayar que la mayoría de esas leyendas y mucha de la tradición oral que llegó a las urbes, tiene su origen en relatos que datan de la época prehispánica; lo que pasa es que esas narraciones están tan imbricadas en el imaginario popular que pocas veces se les cataloga como literatura.

Pedro Paramo, de Juan Rulfo

El siglo XX está plagado de ejemplos: Amparo Dávila, Hugo Iriart, Juan José Arreola, Guadalupe Dueñas, Carlos Fuentes, Inés Arredondo, Juan Rulfo, Elena Garro… ¡Ah!, una nota importante: estos nombres están en los anales de la literatura realista, seria, con sellito aprobatorio de escudo de águila-devorando-serpiente y mucho orgullo nacional, pero en los registros oficiales no se menciona un detalle fundamental: toda esta gente escribía de asuntos fantásticos, especulativos, terroríficos, celestiales, demoníacos y míticos, lo que quiere decir que también escribían literatura fantástica. No estoy diciendo que fuera lo único que escribían, pero sí me interesa subrayar ese aspecto, porque la literatura mexicana, si se le ve desde cierta esquina, tiene una base muy sólida de literatura fantástica, aunque pareciera que lo hace como a escondidas, y si es así, la literatura fantástica en México es un secreto a voces. Aquí me quiero detener en dos citas que me sirven para anclar a qué me refiero cuando hablo de esta cara de la tradición literaria mexicana. Primero, esto que dice Magali Velasco y que, para mí, resume y explica cómo la literatura en México no asume su vertiente menos realista:

“Lo que ha predominado en la literatura mexicana es la reflexión de su narrativa desde una perspectiva realista. La atención de la crítica especializada se ha focalizado en destacar los elementos que se relacionan con los hechos históricos, la problemática de tipo nacional, el indigenismo, la crítica política social […]. Aunque estos elementos son la clave del cuento a nivel estructura, algunos ensayos críticos dejan a un lado el mecanismo fantástico, concentrándose solo en el elemento metaficcional”.[1]

Hay varios ejemplos de textos canonizados y que se asumen desde el realismo que, en realidad, usan elementos de lo fantástico, si no es que son abiertamente obra de quienes han escrito literatura fantástica y de ciencia ficción. La segunda cita es la definición de literatura de la imaginación (o de imaginación fantástica), un término que acuñó Alberto Chimal con el que: “Se trata de expresar ciertas experiencias humanas, sobre todo de nuestro interior —anhelos y temores, sueños y pesadillas— mediante imágenes en las que no creemos, para preguntarnos cómo definimos lo que es cierto, quién nos enseña a hacerlo, de qué otra forma imaginar no sólo un mundo ficcional, sino la vida cotidiana.”  

Me gusta esa denominación porque no es una copia de nombres extranjeros, se aleja de etiquetas comerciales (pido aplausos y confeti, porque ese ya es mérito suficiente) y porque funciona como término sombrilla; bajo su ala cabe toda esa literatura que está en los márgenes del canon y que es el corazón de este texto: la fantasía, la ciencia ficción, el terror, lo especulativo, lo insólito, lo irreal, lo extraño, sobrenatural, monstruoso, inquietante e inclasificable. Aclaro de una vez que, en su mayoría, cuando en este texto se hable de imaginación fantástica, se están englobando todas las variantes posibles, desde la ciencia ficción con bases científicas, hasta el surrealismo; pero a veces se habla específicamente de lo especulativo, la fantasía o el terror, estos sí como términos diferenciados.

Pero me tengo que apurar a hacer el recuento. ¿En qué iba?, ah, sí, en que la literatura mexicana tiene una doble vida: de día es realista y comedida (me la imagino con corbatín y zapatos de charol) y de noche se quita el disfraz y se va a fiestear con su cara oculta, acaso la más verdadera, la imaginación fantástica.

En otro salto temporal —después de todo, ¿qué es el tiempo lineal sino una convención?—, llegamos a 1984, año en que la escritora y académica Celine Armenta crea el Premio Puebla de Ciencia Ficción, el único que se mantiene hasta ahora (a partir de 1998 con el nombre de Premio Nacional de Cuento de Fantástico y de Ciencia Ficción). Desde ese año señero hasta 2002, la ciencia ficción, y la literatura de imaginación en general, tuvo un auge sin precedentes en el país y hubo mucho bullicio: nacieron proyecto subterráneos centrados en la literatura de vampiros o de terror; surgieron al menos tres colecciones editoriales dedicadas exclusivamente a géneros de imaginación, hazaña que no se ha vuelto a repetir en casi veinte años; se hacían convenciones, se imprimían fanzines y revistas profesionales o semiprofesionales, las publicaciones culturales mexicanas dedicaban números especiales a la ciencia ficción, algunos medios nacionales hacían programas temáticos, nacieron y murieron otros premios también temáticos, como el Premio internacional VID de ciencia ficción y fantasía, que se convocó por primera vez en 1997 y tuvo solo cinco emisiones. Creo que se puede decir que hubo un movimiento, un poco informe, pero movimiento al fin; en los noventa, sobre todo, se publicaron libros de gente que escribía desde la década anterior y también varias primeras obras de quienes hoy tienen ya una trayectoria sólida, además de varias antologías. Me voy a limitar a algunos ejemplos aleatorios, porque de otro modo no acabaría nunca: Mas allá de lo imaginado, 1991, Federico Schaffler compilador (este es el primero de tres tomos de las antologías de ciencia ficción más importantes de esa década, un paneo por la CF de todo el país); La primera calle de la soledad, Gerardo H. Porcayo, 1993; Xanto: Novelucha libre, José Luis Zárate, 1994; Técnicamente humanos, Cecilia Eudave, 1996; Si volviesen sus majestades, Ignacio Padilla (RIP), 1996; Auliya, Verónica Murguía, 1997; Gente del mundo, Alberto Chimal, 1998, La era de los clones, Blanca Martínez, 1998 (todos estos han tenido al menos una reedición). Faltan nombres y títulos, pero enlistar así fuera a los más significativos sería el equivalente a veinte minutos de créditos al final de una película con CGI, tres equipos de filmación y locaciones en diez ciudades.

Después de 2002, quizá 2004, el panorama se aquieta un poco y, más que ser una llama, la literatura de imaginación se mantiene como un tizón que arde por lo bajo, encuentra espacio, sobre todo, en antologías especializadas. Pero llega el momento de brincar otra vez, y acercarnos más al presente (el de 2020, al menos).

Llegamos a 2018: en febrero, el artista mexicoamericano John Picacio (quien no necesita presentación) fue el huésped de honor de la Worldcon 76, y creó la Mexicanx Initiative:

“As Artist Guest of Honor of the upcoming 76th World Science Fiction Convention, I’ve decided to create ‘The Mexicanx Initiative’ — an effort to sponsor Worldcon attending memberships and award them to FIFTY Mexicanx artists, writers, filmmakers, culture shapers, and fans. We need more Mexicanx representation in science fiction and fantasy, and together with my incredible sponsoring teammates, we aim to do that at this year’s convention.”

Así que en agosto de ese año, un grupo de más de cuarenta personas mexicanas y mexicoamericanas participamos en la 76th World Science Fiction Convention, algo que nunca hubiéramos creído posible. Como parte de la Mexicanx Initiative se editó una antología bilingüe e híbrida, Una realidad más amplia, cuentos desde la periferia bicultural / A Larger Reality, Specualtive Fiction from the Bicultural Margins, que se puede descargar de manera gratuita;; a partir del libro, Julia Rios compiló un scrapbook en línea con crónicas y ensayos de quienes participamos y todo ese material quedó finalista a los Premios Hugo en la categoría de Best Related Work; es la primera vez que una mujer mexicana (eh, fui yo *emoji de changuito que se tapa la cara*) queda nominada a un Hugo; el único antecedente es que Guillermo del Toro en 2007 y Alfonso Cuarón en 2014 ganaron un Hugo Award a Best Dramatic Presentation, Long Form por El laberinto del Fauno y Gravity, respectivamente. Durante años, varias obras mexicanas de imaginación fantástica se han publicado en España, sobre todo, y en Latinoamérica, en menor medida; pero la barrera del lenguaje y las políticas editoriales han influido en que se conozcan mucho menos en lengua inglesa, sin embargo, esa invitación, ese viaje colectivo a San José California, tuvo un impacto muy importante en lo que está haciendo mucha gente mexicana justo ahora en relación con la publicación en inglés; en esta reseña de E. M. Markoff, la autora destaca: “An entire reading and some panels were done solely in Spanish - 100% en español. This might not seem like a big deal, but it is”.

En mayo de ese mismo 2018, la revista elecrónica Latin American Literature Today publica un dossier de ficción especulativa latinoamericana (editado por Alberto Chimal) que incluye, entre otros, el cuento de ciencia ficción de Gabriela Damián Miravete “Soñarán en el jardín”, [versión en español,  traducido por Adrian Demopulos. Ese cuento ganó la emisión de 2019 del James Tiptree Jr., Literary Award, hoy Otherwise Award. Es la primera vez que una autora, no solo mexicana sino en lengua hispana, gana ese premio.

Entre inicios de 2018 y este noviembre de 2020 como que “nos tronó la tacha” de la literatura especulativa y de imaginación. Se han publicado varios libros de cuento y novelas, cada vez más autoras y autores tienen presencia en lengua inglesa, se están abriendo más caminos entre México y varios países de Latinoamérica y hay esfuerzos desde todos esos puntos geográficos por entablar conversaciones internacionales. Aquí tengo que contenerme una vez más, porque se viene un aluvión de nombres imposible de registrar a detalle, pero me temo que sucumbí a la inserción de créditos de película y al final de este texto viene un apéndice con algunos ejemplos específicos. Y quiero insistir en que la mayoría de esos libros han encontrado espacio en casas editoriales diversas y, en su mayoría, lejos de los conglomerados más comerciales.

2020 ha sido un año ________ (inserte aquí su término preferido), yo sigo buscando un adjetivo que lo abarque, ¿brutal, intenso, interesante, parteaguas? Seguro todas las anteriores, pero tuvo inesperadas consecuencias positivas. En varias convenciones y encuentros internacionales hubo presencia mexicana; en las ferias del libro y festivales culturales que se mudaron a plataformas electrónicas se están presentando proyectos de ciencia ficción y literatura especulativa; en 2018 fue el primer Festival Abismo, ahora sucedió Naves y monstruos; en varias partes del país se han consolidado más proyectos independientes y publicaciones electrónicas. En ese sentido, el impedimento que representa la cuarentena de que podamos encontrarnos cara a cara se convirtió en una oportunidad para conectarnos de manera remota y abrir o continuar varios diálogos. El ejemplo que me es más familiar es el de la Mexicona: imaginación y futuro, un encuentro (derivado de la idea de una convención) que organizamos entre Gabriela Damián, Iliana Vargas, Andrea Chapela y yo misma con personas de México, Latinoamérica y España, en el que entablamos varias conversaciones “Sobre sobre el futuro y los géneros especulativos en el mundo de habla hispana desde México y otros planetas”. Creo que lo más emocionante del momento presente es que se está compartiendo la literatura de imaginación de manera grupal, no solo surgieron varios colectivos de lectura, sino que ese sentido de conectividad se afianza gracias a que las conversaciones son abiertas y dan la bienvenida a quien quiera participar. Hay también varios talleres de escritura, algunos auspiciados por librerías (puntos de encuentro fundamentales para la creación de comunidad), por editoriales o por grupos que pertenecen al ámbito académico, todos dedicados a los géneros que aquí nos ocupan.

Si estas ideas se enredan cada vez más es porque hablar del presente me parece más complicado, porque todo está sucediendo simultáneamente y a gran velocidad, pero desde este panorama creo que se puede mirar hacia el futuro con esperanza. Creo que este especial de México de Strange Horizons es un buen ejemplo de la apertura que están teniendo en otros países hacia la literatura mexicana especulativa y de imaginación; también el hecho de que Clarkesworld va a empezar a aceptar textos escritos en español y que un proyecto como Constelación, que tiene en su staff de base a cuatro mujeres de Latinoamérica y España, nació totalmente bilingüe en inglés/español y, de hecho, esta publicación quizá no hubiera sido posible hace tres años y en este, hubiera sido improbable, pero de todos modos abrió su convocatoria en este 2020, contra viento y marea. Estoy convencida de que el trabajo que se está haciendo en México está, más que nunca, en conversación con otros países y otras lenguas.

Haciendo un poco de extrapolación, puedo decir que la literatura especulativa de México va a tener más voces de mujeres, más libros en ediciones independientes (es decir, fuera de los consorcios trasnacionales), más voces conocidas que acepten abiertamente su pertenencia al conjunto de los freaks (“One of Us!, One of Us!, One of Us!”), quizá se puedan consolidar colecciones especializadas en casas editoriales y se sigan creando publicaciones no ortodoxas como podcasts, bots, y medios híbridos (la literatura electrónica no tiene porqué ser narrativa, lineal ni solo hecha de palabras). Otro aspecto importante de que la conversación esté abierta, es que también se está trabajando bajo parámetros más horizontales, ya no bajo la estructura vertical y meritocrática al uso, esto incluye que haya una voluntad específica de escuchar a las voces que no han contado con los mismos espacios, aquí entran las de las mujeres, pero también las de las comunidades LGBTI+, las de las personas que escriben en lenguas indígenas —que también conllevan distintas formas de narrar y de articular lo que consideramos literatura—, las de gente muy joven que “todavía no tiene una carrera literaria”, las de las personas que quieren sumarse desde la lectura —como un acto también de creación—. Es decir, creo que el panorama que se ve más adelante es más polifacético y diverso, más colectivo y horizontal, más amable y, por qué no decirlo, más justo y equitativo.

Jorge Luis Borges, un autor argentino que escribió la mejor literatura fantástica del siglo XX, dice: “El hecho es que cada escritor crea a sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro”.[2] Siguiendo ese principio, creo que quienes hacen literatura especulativa y fantástica en México están creando a sus precursoras y precursores (incluso en el sentido literal de que, en muchos casos, estamos descubriendo su obra) y ahora mismo se está modificando la concepción que tenemos de las obras del pasado, a la par que se moldea la literatura del futuro.

Añadido con nombres y enlaces a proyectos específicos

No está de más repetirlo de nuevo: este apéndice no es todo lo que hay, son solo algunos ejemplos específicos de obras, nombres y publicaciones que están en las estanterías o en línea y que son el resultado del trabajo de muchísima gente. Con suerte, estos ejemplos llevarán a otros y esos a otros, y así.

A media curva del salto entre 2002 y 2018, vale la pena mencionar que en 2012 se editó Three Messages and a Warning: Contemporary Mexican Short Stories of the Fantastic, en Small Beer Press (posiblemente aún se pueda comprar el ebook aquí), una antología de cuentos traducidos al inglés, de más de treinta autoras y autores de México, que compilaron Chris N. Brown y Eduardo Jiménez Mayo; el libro quedó finalista en los World Fantasy Award de 2013.

También en 2013, Verónica Murguía ganó el Premio Gran Angular, que se otorga en España, con su novela de fantasía Loba. Verónica es una autora que, como Martha Riva Palacio Obón, Raquel Castro o Jaime Alfonso Sandoval, ha forjado una carrera muy sólida sobre todo en el terreno de la literatura infantil y juvenil o LIJ. En este ámbito, la literatura de imaginación se ha colado muchas veces, tanto en antologías como en novelas, y no necesariamente con libros simples o fáciles; lo aclaro porque la LIJ es otro género literario que es visto con cierto desdén en la llamada ‘alta cultura’, porque se considera demasiado comercial o demasiado simple para las inteligentísimas mentes adultas.

Siguiendo con los ejemplos bilingües, este es el enlace al dossier de Latin American Literature Today de ficción especulativa latinoamericana.

También acaba de editarse The Route of Ice and Salt (originalmente La ruta del hielo y la sal, 1998), traducida por David Bowles y editada por Silvia Moreno-Garcia.

Y Alberto Chimal no solo publicó a inicios de 2020 The Most Fragile Objects (originalmente Los esclavos, 2008) con Katakana, sino que dos cuentos suyos aparecen en The Big Book of Modern Fantasy, el tomazo que editaron Ann y Jeff Vandermeer para Vintage Books.

En España se siguen publicando obras fantásticas mexicanas, como Yo no voy a salvarte, de Iliana Vargas, en Eolas Ediciones (en prensa) o Diez planetas, de Yuri Herrera, que salió en Periférica a finales de 2019.

Andrea Chapela ganó tanto el Premio Gilberto Owen de cuento, como el Premio Nacional de Ensayo Joven José Luis Martínez, ambos premios son de literatura “general” y, al menos el Gilberto Owen, lo obtuvo con una antología de ciencia ficción que, de hecho, se acaba de publicar en Almadía, Ansibles, perfiladores y otras máquinas de ingenio, uno de los cuentos del libro se puede leer en inglés, en Samovar.

En el apartado de las publicaciones periódicas Penumbria lleva años con su labor, pero también están Espejo humeante, The Fiction Review o la novísima Primero Sueño.

Hay colectivas de lectura con el propósito de leer escritoras de género fantástico y especulativo, como Morras Cifi y Especulativas Mx, y también otras colectivas que se especializan en leer escritoras, pero han ido incorporando autoras de estos géneros, como Libros B4 Tipos.

Vale mucho la pena echar un vistazo a estos encuentros internacionales en los que también se ha dado espacio a gente de México: la Futurecon. The future happens everywhere y el Festival Literario Internacional Relampeio.

Y para cerrar dejo dos antologías de acceso libre y gratuito:

Aparato CiFi. Ciencia ficción escrita entre el río bravo y el río suchiate, de 1692 [cuando este territorio aún no se llamaba México] a 1947”, que inicia, precisamente, con un fragmento del Primero sueño.

La segunda, es una publicación bilingüe español/inglés en la que colaboraron más de cincuenta participantes entre artistas visuales, escritoras(es), programadoras(es) y especialistas en comunicación de la ciencia. Todo, en un proyecto dinámico que se puede jugar como videojuego tipo MUD o descargar como ebook. El solo índice es una buena muestra de cuánta gente hay trabajando en este momento en distintas manifestaciones de lo especulativo: Un universo en el que no nos extinguimos. Una realidad más amplia 2.0 / A Timeline in which We Don’t Go Extinct. A Larger Reality 2.0.

[1] Magali Velasco, “De mi sentimiento de lo fantástico”, en El cuento: la casa de lo fantástico, México, Fondo Editorial Tierra Adentro, 2007, pp. 15-16.

[2] Jorge Luis Borges, “Kafka y sus precursores”, en Otras inquisiciones.



Libia Brenda es editora, escritora y traductora. Ha participado en varios proyectos independientes, la mayoría relacionados con la ciencia ficción, la literatura fantástica y especulativa (se considera una nerd, básicamente). Escribe ficción especulativa y ha publicado varios cuentos en distintas revistas y antologías; su trabajo ha sido traducido al italiano y al inglés. Es una de las cofundadoras del Cúmulo de Tesla @Cumulodetesla, un colectivo multidisciplinario que promueve el diálogo entre arte y ciencia, con un especial énfasis en la ciencia ficción; y de la Mexicona: imaginación y futuro, una serie de conversaciones sobre el futuro y los géneros especulativos en el mundo de habla hispana, desde México y otros planetas. En 2018 formó parte de la Mexicanx Initiative, una iniciativa liderada por John Picacio. Es la primera mujer mexicana obtener una nominación a un Premio Hugo, por la edición de la antología A Larger Reality/Una realidad más amplia, adjunta al proyecto derivado de aquella iniciativa. A raíz de eso, se emocionó tanto que editó un proyecto híbrido y bilingüe de ciencia ficción: Una realidad más amplia 2.0. Un universo en el que no nos extinguimos, una antología que es también un videojuego (tipo MUD) y puede descargarse, jugarse y leerse, gratis, acá: http://alargerreality.mx/2019/

Libia Brenda is an editor, writer and translator. She has been involved in many independent projects, most of which are about sci-fi, speculative, and fantastic literature (she considers herself very nerdy). She writes speculative fiction short stories and has been published in online and print magazines, as well as various anthologies. Her work has been translated from Spanish to English and Italian. She is one of the the co-founders of the Cúmulo de Tesla collective, a multidisciplinary working group that promotes the dialogue between the arts and sciences, with a special focus on science fiction; and Mexicona: Imagination and Future, a series of conversations about the future and speculative literature in the Spanish language from Mexico and other planets. In 2018, she was part of The Mexicanx Initiative, an endeavour led by John Picacio. She became the first Mexican woman to be nominated for a Hugo Award, for the anthology A Larger Reality/Una realidad más amplia attached to a project about said initiative. After that, she was so excited that she edited a hybrid and bilingual sci-fi project: A Larger Reality 2.0, an anthology that is also a videogame (MUD style) and can be download and played, for free, here: http://alargerreality.mx/2019/
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18 Oct 2021

Dreams were extensive and exhausting projects, not to mention expensive. Nightmares, on the other hand, were quick.
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